lunes, 21 de abril de 2014

Personaje ficticio (real para mí) #1: Tobi4s Eaton




Nombre: Tobi4s Eaton.
Apodos: Cuatro (¿Cómo el número? Pues sí)
Libros: Trilogía Divergente de Veronica Roth.
Lugar de procedimiento: Chicago (en el futuro, distópico)
Descripción física: Es una persona musculosa, de pelo oscuro, ojos azules, piel blanca pero no demasiado y es muy alto. Tiene un gran tatuaje que le ocupa toda la espalda, los hombros y la parte de detrás del cuello, donde tiene dibujadas las cinco facciones (osadía, abnegación, verdad, erudción y cordialidad). Los detalles son de color negro, donde deja ver el color de la espalda.
Descirpción psicológica: Es egocéntrico, egoísta, ambicioso, valiente y agresivo. Cuando está con Tris su actitud cambia y se vuelve sobreprotector, cariñoso y posesivo con ella. Siempre se preocupa por ella pero a veces la trata como una niña pequeña.
Frases:
"-El miedo no te apaga, sino que te despierta, lo he visto, es fascinante."
"-Se valiente, Tris."
"-Bienvenida a osadía."
"-Me llamo Cuatro.
-¿Cuatro?¿Cómo el número?.
-Sí, ¿algún problema?"
"-Ella no es bonita, esa palabra es muy pequeña. Ella es fuerte, y sus ojos demandan atención. Mirarla es como despertar."
"-Piensas que mi primer instinto es protegerte porque eres una estirada, pero mi primer instinto es empujarte hasta que te rompas."


Actor que lo interpreta: THEO JAMES *-* LO ADORO.
Opinión personal: a mí me ha cautivado desde el primer momento. Cuatro es un poco desagradable MUCHAS veces pero es perfecto, en cierto sentido. Su ego hace que lo odies y lo desprecies, pero siempre te acaba enamorando.




Espero que os halla gustado.



PD: Cuatro es mío y solo mío, como alguien lo toque que corra.


martes, 8 de abril de 2014

Proyecto: PERSONAJE FICTICIO DE LA SEMANA

¡Hola! Bueno, pues comentaros que catching fire y yo hemos pensado que a partir de esta semana, cada domingo de subiremos una entrada dedicada a un personaje ficticio, en la que pondremos los datos básicos de dicho personaje: fotos, el libro en el que aparece... y nuestra opinión personal de dicho personaje.
Los personajes por ahora los iremos eligiendo nosotras, cada semana una elegirá uno y subirá la entrada, pero si queréis que subamos uno en concreto decírnoslos mediante un comentario o por twitter en @PeetaEverllark (pincha en el user para ver el  perfil) 

domingo, 6 de abril de 2014

La vida de Peeta antes de los Juegos: Capítulo 8

Después de bastante tiempo sin publicar ningún capítulo de ''La vida de Peeta antes de los Juegos'' hoy por fin hemos publicado otro. Hace tiempo que decidí dar este fanfic por acabado, y no seguir publicándolo, pero he decidido darle otra oportunidad y publicar un capítulo más. No sé si después de este habrá otros, pero por ahora publico este. Espero que os guste :)


miércoles, 12 de febrero de 2014

Los Juegos de la Comadreja: Capítulo 10

Me acurruco junto a un arbusto y empiezo a dar pequeñas cabezadas, mientras espero al alba. El tiempo pasa rápido, pero no dejo de estar nerviosa, no sé qué puede ocurrir allí. Antes de la hora acordada, me levanto y me dirijo y hacia la cornucopia, ya que creo que estaré más segura, cojo lo que es mío y me marcho sin llamar mucho la atención. El bosque se encuentra en estos  momentos en silencio, solo se escuchan mis pisadas sobre las hojas secas del suelo. No me encuentro demasiado segura con tanto silencio, todo está demasiado tranquilo. Por si acaso, voy girando continuamente la cabeza hacia ambos lados, pero eso conlleva que me vaya mareando debido a la velocidad a la que giro la cabeza. Cuando los árboles empiezan a estar más dispersos dejo de mirar hacia los lados, me concentro en mi objetivo. Empiezo a andar de rodillas, arrastrándome por el suelo, por lo que si miran en mi dirección, mi cuerpo no será más que un pequeño bulto en el suelo, podría parecer una roca. Cuando llego a la linde del bosque me duelen las rodillas, había demasiadas piedras pequeñas por el camino. Todavía no hay nada a la vista que aclare nada sobre el banquete, así que me adentro un poco en el bosque y me siento a esperar. Unos segundo más tarde,  sale una mesa del suelo. Sobresaltada, me incorporo, deseando averiguar más sobre lo ocurrido. Sobre esta se encuentran varias bolsas de diferentes colores y tamaños. En el centro de cada una de ellas se halla el número de cada distrito. Mi estómago ruge, necesito esa bolsa y rápido.  Mi distrito es el cinco, mi bolsa no es que sea muy grande, pero es lo suficientemente espaciosa para que contenga comida para algunos días. Es de color verde, por lo que se disimulará bien dentro del bosque. Antes de que pueda aparecer alguien me levanto y salgo corriendo para cogerla. Voy chocándome contra alguna de las ramas que se encuentran a mi paso, pero eso no me detiene, mi  objetivo es prioritario. Cuando llego junto a la mesa, cojo la bolsa de color verde y sigo corriendo en línea recta, aunque más tarde tenga que dar la vuelta para volver a la parte del bosque conocida, lo principal es pasar desapercibida. Cuando estoy otra vez dentro del bosque, escucho como alguien grita. Mi curiosidad puede conmigo, así que me giro y empiezo a inspeccionar lo que ocurre. Katniss, la chica del doce, se encuentra en el suelo, bajo el peso de la chica del dos, la que tira los cuchillos. Quiero ayudarla pero eso sería ponerme en peligro, me giro y sigo andando, ignorando lo que ocurre a mis espaldas. Cuando ya me he adentrado lo suficiente, me siento en medio de un claro y abro la bolsa. En su interior, hay una pequeña cantimplora de agua, llena, y un pequeño trozo de pan. Quizá no sea lo mejor que haya podido comer a lo largo de mi estancia aquí, pero es comida y se agradece. Saco el pan y le doy un pequeño bocado, pero tengo tanta hambre que acabo por comerme medio. Después saco la cantimplora, y don un trago. Es el mejor agua que he probado en mucho tiempo, ya que la del río estaba asquerosa. Poder comer de nuevo es lo mejor que hay, y con esa escusa, dejo que el tiempo pase mientras me dejo llevar por el cansancio. Cuando el sol se alza sobre mi cabeza, me levanto a estirar las piernas. Me doy la vuelta me dirijo hacia la otra parte del bosque, la conocida. Aunque estoy alerta, no parece que nadie quiera salir a atacarme, ya que seguramente todos hayamos acudido al extraño banquete. Seguramente estarán todos mirando lo que contiene la bolsa. Sin pensarlo, giro hacia la izquierda y salgo por el claro que hay detrás del bosque. Me acerco al riachuelo, me lavo la cara y me refresco los brazos. Más tarde, agarro con ambas manos la rama de un árbol y me subo en él. Pego la espalda al tronco para poder estirar las piernas y descansar. Anochece antes de lo esperado, por lo que todo está a oscuras. A tientas abro la mochila para terminarme lo que me quedaba, pero en ese momento suena un cañón. Me coge desprevenida, por lo que se me cae el pequeño trozo de pan que tenía. Dirijo la mirada al cielo, ya que no tengo otra cosa mejor que hacer, y veo las fotos de los tributos que hoy han caído. Solo hay tres; solos recuerdo a dos, Tresh, el chico del once, no lo conocía mucho pero era bueno, y Clove, la chica del dos, ella no me da lástima. Busco la cantimplora, pero no la encuentro ya que debí de dejármela cuando paré. La noche se me hace muy larga, más de lo normal, y no puedo conciliar el sueño. Vuelvo a tener hambre, ya que antes no pude comer. A lo lejos se oye el canto de los sinsajos, lo que me ayuda a tranquilizarme y adormilarme. Mientras va amaneciendo, el sol me da en la cara, así que entrecierro los ojos. Me duele la barriga, mis ganas de llegar al final disminuyen. No quiero seguir allí dentro. Solo quedamos cuatro, no creo que tenga ninguna posibilidad, pero tampoco quiero darle el gusto de matarme a alguno de los tres. Llego a una conclusión, quiero suicidarme. Me bajo del árbol, decidida. Segundos más tarde escucho voces, provenientes de detrás de mi espalda. Decido dirigirme hacia ellos, solo para cotillear. Son los del doce. Ella se dirige hacia mí, hacia el interior del bosque, arco en mano, mientras que el va hacia abajo, hacia otra parte del bosque, pero lleva la mochila. La esquivo a ella y empiezo a seguirle sin que se dé cuenta. Cuando ya nos hemos adentrado un poco en aquella parte bosque, se quita la mochila y la coloca en el suelo. Con cuidado, la abro y veo que en el interior hay un poco de queso y de pan. ¡Me muero de hambre! Me dejo llevar y cojo un poco de ambos. Si voy a morir, quiero morir a gusto. Cierro la mochila, sin que lo note, y le busco. Está agachado recogiendo unas bayas pequeñas, redondas, moradas. Jaulas de noche. Parece que no sabe que son venenosas, antes de poder tragarte una ya habría muerto por intoxicación. Mi arma perfecta. Con sigilo, me acerco hacia el pequeño arbusto, ya que él se ha desplazado al de al lado. Estiro la mano y cojo una. La muerte entre mis manos. Cojo una bocanada de aire. Tengo miedo, pánico, pero debo hacerlo. Cierro los ojos, me llevo la mano a la boca, suelto la baya y la muerdo, adentrándome en un sueño del que nunca podré despertar.

FIN

Muchísimas gracias a todos los que me habéis leído hasta el final.
Muchos besos. 

domingo, 12 de enero de 2014

Los Juegos de la Comadreja. Capítulo 9

Empiezo a pasar de un árbol a otro, sin preocuparme del ruido que pueda causar, ya que lo más importante es salir con vida. Miro hacia abajo y veo como Cato corta todas las ramas que se interponen en su camino, mira cada segundo hacia mi posición, me sigue, se equivoca de dirección, rectifica. Parece que no quiere dejarme marchar. Pero eso no me ha parar, ya que seguramente subiría hacia mí en un abrir y cerrar de ojos. Cada vez que bajo la mirada está más cerca, no puedo parar. Me estoy adentrando cada vez más en el bosque, cada vez me cuesta más trabajo seguir avanzando, me voy cortando las palmas de las manos. Mi sangre va cayendo mientras con ellas mancho el tronco del árbol. Sin darme cuenta me encuentro en el linde del bosque, en el claro donde se encuentra la cornucopia. Me encuentro en el lado opuesto de donde anteriormente había estado la montaña de comida, la cornucopia esta cerca de mí, pero está muy alejada de los árboles, pero me da igual, salto hacia ella como si en un vano intento quisiera alcanzarla. Cuando caigo al suelo, empiezo a rodar, pero me incorporo rápidamente. Cato está muy cerca de mí, por lo que me dirijo en línea recta hacia el bosque que se haya frente a mí, una parte que no había explorado y en la que tendré que aprender a sobrevivir durante un tiempo. Cato empieza a llamar a Clove a gritos. Creo recordar que Clove es la chica de los cuchillos y su compañera de distrito. Sigue llamándola pero no aparece por ninguna parte, así que decide centrarse en mí. Estoy fatigada de tanto correr y pasar de un árbol a otro. Mientras yo voy reduciendo la velocidad de mis pasos, él parece haberse recuperado y aumenta la suya. La distancia entre el boque y yo parece interminable, cada vez parece haber más y cansancio aumenta por segundos. Me centro en correr y no volver la vista atrás, pensando que pronto estaré rodeada de árboles y será mi oportunidad de esquinazo. Me introduzco dentro del boque y me dirijo, como siempre, hacia el corazón del bosque. En esta parte del bosque hay muchas ramas bajas, así que tengo que correr la mayor parte del tiempo inclinada hacia delante. Empiezo a mirar de reojo  por si encuentro algo que pueda servirme, veo una rama un poco gruesa. Me dirijo hacia ella, me arrodillo para cogerla, pero Cato me intenta agarrar de la chaqueta, pero consigo escabullirme, agarrar la rama y correr hacia delante. Cuando empieza a seguirme de nuevo, me paro y doy media vuelta. Como lo he hecho de forma muy rápida, no le da tiempo a pararse, por lo que cuando con ambas manos me llevo la rama hacia atrás y le doy con ella con la cabeza, cae en el suelo y se queda inconsciente. Suelto la rama en el suelo, y empiezo a caminar hacia la derecha, para dirigirme a la parte del bosque que sé demasiado bien. Mientras camino, Clove empieza a llamar a Cato, pero como ve que no le responde, decide ir a buscarlo. Se dirige hacia donde antes había estado la montaña. Me vuelvo hacia atrás para coger la rama, ya que si me la encuentro puede volver a servirme. Empiezo a aligerar el paso, ya que el sol se está poniendo. Antes de lo previsto llego a mi destino, y por suerte, no me he cruzado con ella. Llevo tiempo sin comer, por lo que dispongo a buscar comida. Empieza a mirar por los arbustos y árboles, pero no encuentro nada. Es muy extraño, ya que antes todo estaba recubierto de bayas comestibles. Al cabo de una hora, más o menos, encuentro un arbusto con pequeñas bayas moradas, así que me dirijo a él corriendo. Cuando llego, me doy cuenta de que son bayas venenosas llamadas Jaulas de Noche. Cada vez tengo más hambre y sed y no puedo encontrar nada que pueda servirme. Cuando todo está ya demasiado oscuro para ver, me tumbo al pie de un árbol, me llevo las rodillas al pecho y me quedo así durante toda la noche. El hambre me asecha y no consigo dormirme. Con cada minuto que pasa y no tengo comida, mis ilusiones de sobrevivir  y  salir de este sitio disminuyen. Cuando el sueño empieza a apoderarse de mí, una voz resuena por toda la arena. Claudius Templesmith es quien habla, y nos invita a todos a un banquete. Aunque suena tentador, no sé si ir ya que sería como otro baño de sangre en el que acabaría muerta, pero a continuación dice:
-Una cosa más: puede que algunos estéis ya rechazando mi invitación, pero no se trata de un banquete normal. Cada uno de vosotros necesita algo desesperadamente.-Claro que necesito algo, necesito comida- En la cornucopia, al alba, encontraréis lo que necesitáis en una mochila marcada con el número de vuestro distrito. Pensadlo bien antes de destacarlo. Para algunos, será vuestra última oportunidad.
La idea es demasiado tentadora para dejarla marchar, por lo que me dispongo a dormir un poco, para que después pueda coger mi mochila y sobrevivir unos días más. Quien sabe, quizá esta será mi oportunidad.



sábado, 21 de diciembre de 2013

Los Juegos de La Comadreja: Capítulo 8



Mientras deambulo por el bosque, caigo en la cuenta de que quizá el tributo que disparó aquella flecha pueda estar en estos momentos observándome, esperando a matarme. Recapacitando en tal cuestión, decido ponerme alerta. Con cuidado de hacer el menor ruido posible, empiezo a escalar por el árbol de mi derecha. Subo lo suficiente, así que empiezo ha pasar de un árbol a otro, agarrando una rama del árbol al que quiero pasar y colocando un pie en las ramas de abajo. Así sucesivamente. De repente, escucho un cañón, veo como muchos sinsajos salen volando desde diez metros hacia la derecha de mi posición, no está lejos de mí. Está oscureciendo y poco a poco me cuesta trabajo caminar, pero me sé el bosque como la palma de mi mano, así que rápidamente bajo de él y empiezo ha correr hacia el riachuelo por el que pase el primer día. En el camino, me hago pequeños cortes en mi cara. Poco después, mientras corro, giro la cabeza para comprobar si alguien me sigue, por suerte no, menos mal, pero de todas maneras, yo sigo corriendo, ya que quizá desde allí pueda saber qué dirección tomar. No giro la cabeza lo suficientemente rápido, por lo que no veo la rama que se haya delante de mí. Me doy un fuerte golpe en la cabeza y me caigo al suelo. Poco a poco se me nubla la vista, lo que hace que me caiga al suelo, quedándome de rodillas. Al rato, todo se oscurece, mientras caigo en un profundo sueño.

Me despierto, algo entumecida. El sol me da en la cara, por lo que cuando me incorporo, alzo la mano para tapar el sol con ella. He debido quedar inconsciente por unas cuantas de horas, quizá días. En estos momentos me encuentro perfectamente, sobre todo porque en el todo el tiempo en el cual estuve aquí tirada no me ha pasado nada. No me han matado. No me han encontrado. Me llevo las manos a la cara, para comprobar si las ramas me han causado un gran daño. Mi cara está muy suave, más de lo que ha estado en todo este tiempo. Quito las manos de mi cara y las apoyo en el suelo. Me apoyo en ellas, inclinando mi cuerpo un poco hacia atrás, cierro los ojos y dejo que los rayos del sol me den en la cara, disfrutando un poco de esta sensación. Cuando pasan unos minutos, me levanto y estiro las piernas. Sigo andando hacia el riachuelo, mientras voy dando pequeños saltitos. Cuando llego no hay nadie, así que me decido bebe un poco de agua. Aunque sigo pensando que está un poco salada, un poco de agua en estos momentos ayuda. Me arrodillo junto a la orilla y empiezo ha beber durante un gran rato. Después, me enjuago la cara. Cuando el sol ya está en lo alto de todo, vuelvo a internarme en el bosque, pero esta vez voy hacia la parte izquierda, cuando estoy andando, una voz resuena en toda la arena: “Hay una nueva norma; pueden ganar dos tributos que sean del mismo distrito”. El corazón se me acelera. No sé si mi compañero sigue vivo, por lo que empiezo ha correr, con mucho cuidado, ya que estoy segura de que todos los tributos restantes estarán haciendo lo mismo. Corriendo, empiezo a mirar por todos los lugares. Intentando encontrarlo. Sin previo aviso, veo pasar delante de mí al chico del once. Rápidamente, me escondo detrás de un árbol, rezando para que no me haya visto. Mi respiración se acelera. Tengo la espalda rígida y pegada al tronco, lo que hace que me duela. Me agacho, deslizando la espalda hacia abajo del tronco. Me arrodillo en el suelo, me vuelvo intentando comprobar si sigue cerca o se ha marchado. Por lo que veo no hay monos en la costa. El pelo se me cae, por lo que me lo coloco detrás de las orejas. Me levanto y decido ir por los árboles, como hice antes de quedarme inconsciente. Sujeto la rama más baja del árbol en el que antes me apoye y me elevo. Pongo ambas rodillas encima de la rama, que aparentemente es muy debilucha. Paso a otra más alta, y empiezo ha pasar por ellas. Cuando de repente Cato pasa por debajo de mí. Me paro en seco, pero dejo de caer algunas hojas, por lo que alza la cabeza. Me ha visto.

Espero que les haya gustado
Besos y feliz navidad

viernes, 6 de diciembre de 2013

Los Juegos de la Comadreja: Capítulo 7


El camino es perfecto; fácil y alejado. Es algo como: saltar hacia delante, dar pasos hacia los lados, volver a saltar... Es fácil de memorizar, pero uno de los problemas es que no crea que pueda poner a ahora ha intentar pasar por él, ya que ellos están haciendo lo mismo y sería muy fácil que me descubrieran. Un segundo después de decidir eso, creo que es más prudente dejar una señal en el suelo para no olvidar el sitio por el que es más seguro pasar. Me giro, buscando algo que pueda servirme. Cuando muevo rápido la cabeza, mi pelo me da en la cara, haciéndome cosquillas, por lo que me lo sujeto con las manos, formando como si fuera un cola. Hace tiempo que no siento esta libertad por lo sin darme cuenta me encuentro riendo a carcajadas. Me tapo la cara con ambas manos, y empiezo a reír en silencio. Cojo una hoja caída de un árbol y la coloco como señal. Con cara de loca, de haber hecho algo horrible, con una sonrisa de joker, me interno en el bosque, medio tropezándome. Me siento con la espalda pegada a un árbol, y sigo riéndome, por lo que rato después empieza a dolerme la barriga. Poco después, cuando el sol ya esta en lo alto, me levanto, me sacudo la tierra que se me ha pegado al pantalón y me dirijo hacia la cornucopia. Ahora que lo pienso, no parece tan gracioso el hecho de sujetarme el pelo, pero por una vez me ha gustado sentir otras emociones distintas a las que estaba acostumbrada aquí dentro. Cuando llego a mi destino, el chico al que debería haber matado, el del tres, ya se ha recuperado. La ira fluye dentro de mí. <<No puedo creer que lo hubiera dejado con vida, debería haberlo matado>> Intento controlarme, pero es casi imposible. El chico ya puede moverse, andar con tranquilidad, pero no creo que pueda correr y menos aún sobrevivir a un ataque, cuando este solo. Para intentar no saltar sobre él en busca de pelea la próxima vez, empiezo ha rodear por detrás la montaña, para intentando encontrar el camino. Poco después encuentro la hoja que había puesto se señal (y si no es esa se parece mucho). Cuando llevo tiempo sin encontrar el camino, empiezo a sospechar si era la hoja que había puesto, pero giro la cabeza y ahí esta el camino, por lo que parece, no he estado prestando mucha atención mientras lo buscaba. Empiezo a memorizar repitiéndome siempre los mismos pasos. Saltar hacia delante, paso hacia la izquierda, salto hacia delante, girar hacia la izquierda y saltar, paso hacia delante, girarse un poco hacia la izquierda y saltar, mirar hacia la montaña y saltar. Así continuamente, haciendo que me aburra. De repente empiezo ha escuchar como los profesionales empiezan a gritar y maldecir. Me levanto y me dirijo a ver que pasa. Cuando llevo, puedo ver como a lo lejos hay dos grandes columnas de humo, que se elevan más allá de diez metros por encima de los árboles. Tres profesionales se internan en el bosque dejando al chico medio muerto al cuidado de sus provisiones. <<Es mi ocasión>> pienso orgullosa. Doy media vuelta y corro hacia el camino. Cuando llego, me dirijo hacia la montaña, sin preocuparme de que puedan verme. Me coloco y salto hacia adelanta algo más de un metro, doy un paso hacia la izquierda y doy un pequeño paso hacia delante. <<En estos momentos tengo el corazón en la mano, si doy un paso en falso, adiós a mi vida>> Me giro hacia la izquierda, salto un metro aproximadamente y doy un paso hacia delante. <<Ya estos muy cerca, no puedo fallar ahora>> Me giro un poco hacia la izquierda, salto y vuelvo a saltar dirección: la montaña. Me encuentro delante de ella y no me ha pasado nada. <<Estoy eufórica>> Cojo lo primero que encuentro, que resulta ser un trozo de carne seca, y me dispongo a salir de nuevo. Repitiendo los mismos pasos pero a la inversa, consigo salir de esa trama. Esta vez estoy dispuesta a matar al chico del tres, pero hay alguien en el bosque, al otro lado de la montaña. Con mi comida en la mano, me dirijo hacia el bosque, escondiéndome en un lugar cualquiera, ya que lo importante es que quien sea que fuese aquel tributo no este dispuesto a matarme. Empiezo ha observar entre los árboles. Los profesionales no vuelven. El chico del tres anda cerca de mi posición, lo que me pone en peligro. Pronto se aleja, pero decido estar atenta por cualquier caso. De repente, veo como una flecha sale de entre los árboles y va a parar en una bolsa de manzanas. La flecha desgarra la bolsa, formando un agujero por el que poco a poco empiezan a deslizarse las manzanas hasta el exterior de la bolsa. Cuando la primera de ellas toca el suelo, todas las minas empiezan a estallar. El sonido de la explosión hace que me duelan los oídos. Quien fue ese tributo, ha hecho lo correcto. Aunque yo ya no puedo conseguir comida fácil, los profesionales tendrán que buscar ellos solos la comida. Hay un gran revuelo en la cornucopia, Clove y Cato han llegado, pero no se donde está el del uno. Cato está muy enfadado, no para de gritarle al chico del tres, lo que ni me molesta ni me incomoda. Unos segundos más tarde, Cato agarra al chico por el cuello con ambas manos y rápidamente, le da un giro hacia la izquierda, matándolo. Su muerte es una sorpresa para mi, aunque quería que muriese, no me esperaba que fuese tan rápida. Me interno en el bosque. Los profesionales ya no tienen nada que me importe. Suena un cañón. El chico ya está muerto del todo. Cada vez somos menos. Solo uno puede sobrevivir. Solo uno conseguirá la victoria. Solo uno será colmado de riquezas. Y pienso ser yo.

Espero que les haya gustado
Besos :)