domingo, 24 de noviembre de 2013

EN LLAMAS

Hola Tributos. Como ya sabreis ayer se estrenó ''En Llamas''. Nosotras ya la vimos y deciros que es IMPRESIONANTE. Es una gran adaptación,hay dialogos que son exactamente iguales al libro. Es la mejor adaptación que he visto, la verdad. Muchos ya la habreis visto, pero si no es así, trbiutos deben verla. Les va a encantar.






IMAGENES:

AVISO: ESTAS FOTOS SON SPOILERS SI NO HAS VISTO EN LLAMAS

viernes, 15 de noviembre de 2013

Los Juego de la Comadreja: Capítulo 5


Instintivamente, corro los más rápido que puedo hacia el corazón del bosque, sin saber por donde voy, ya que lo único que me importa en estos momentos es salir con vida de esta persecución. Mientras corro, con el corazón acelerado, me voy haciendo pequeños cortes en la cara con las ramas sueltas de los árboles que están tan bajas que son de mi altura. Las heridas me escuecen, debido a que tengo la cara llena de ellas. Me tropiezo con un tronco caído, haciéndome una quemadura con el pantalón. Arrodillada en el suelo, apoyando rodillas y manos, giro la cabeza para poder ver la distancia que hay entre el chico del tres y yo. Sin previo aviso, como una sombra, salta el tronco y se coloca encima de mí. Como si fuera algo impulsivo, le doy un puñetazo en la barbilla, de abajo arriba. El chico se separa de mí, echándose hacia atrás mientras se sujeta la mandíbula. Aprovechando ese momento de distracción, me levanto y echo a correr hacia delante lo más rápido que puedo. Temo que el chico eche a correr tan seguido de mí y pueda atraparme, lo que lleva por consecuencia, seguramente, que me mate. Apartando aquel horrible pensamiento de mi cabeza, veo como llego al otro lado del bosque. Lo he cruzado instintivamente en una horrible persecución. Observo durante unos segundo el paisaje desconocido que hay ante mí. Hay una acusada pendiente hacia abajo, lo que quizá quiera decir que al final de ella termina la arena. <<En algún lugar tendrá que terminar esta asquerosa pesadilla>> aquella idea me atrae, pero si pienso en las oportunidades que tengo para salir con vida, creo que es mejor ir hacia derecha o izquierda, ya que si bajo sería más fácil acorralarme y atraparme, teniendo en cuenta que el chico del tres es físicamente más alto y fuerte que yo, por lo que si corre como una liebre en un terreno llano, con algunos baches, no me gustaría saber como lo hace cuesta abajo. Mi elección es ir hacia la izquierda, por lo que corro y me elijo un árbol al que subirme. Me acerco rápidamente a él, salto y me agarro a dos ramas bastante altas. Me impulso hacia arriba, aguantando el dolor de mis recientes heridas en las palmas de mis manos, pero como si fuera por magia, mi persecutor se acerca corriendo hacia el árbol en el que me hallo. Intento subir mi cuerpo encima de una de las ramas en las que apoyo las manos, pero él es más rápido, me agarra mis dos piernas y tira de ellas para hacerme bajar. Tiene mucha más fuerza de la que yo poseo, por lo que mis manos resbalan de las ramas, haciendo que mi cuerpo entero caiga rápidamente al suelo. Me golpeo la parte posterior de la cabeza contra una piedra, provocando una pequeña brecha, perdiendo un poco el sentido y mojando mi pelo rojizo. Me llevo la mano a cabeza, notando como la sangre mancha y envuelve mi mano. El chico tiene mis piernas todavía sujetas, por lo que apoyando mis manos en el suelo, empiezo a patalear y sacudirme intentando que las suelte. Consigo sacar una pierna, que aprovecho para darle un patada en toda su cara. Me suelta la otra pierna, por lo que las acerco hacia mi cuerpo. Se sangra la nariz, por lo que se la limpia un poco con la manga de la chaqueta. Me lanza una mirada que lo deja todo claro. <<Estoy muerta>>. Intento levantarme pero se tira sobre mí, apretándome la espalda contra el suelo.<<Este chico tiene un gran vicio sobre tirarse encima de las personas>>, pienso, lo que provoca una sonrisa en mi cara. Al ver mi sonrisa, el chico me golpe la cara con su puño, lo que hace que se me salten las lágrimas por el dolor. Intento ver que tengo por los alrededores que pueda utilizar como arma contra él. Al poco centímetros de mi cabeza hacia la derecha esta la piedra con la que me golpee la cabeza. Sé que si intento alargar el brazo para cogerla, él sabrá mis intenciones por lo que no podre coger la piedra, por lo que solo tengo una oportunidad. Tengo que intentar distraerle, con un par de segundos puedo conseguirlo. Mi brazo izquierdo está libre, así que le doy un puñetazo en la mejilla, aturdiéndolo un poco, por lo que afloja el peso sobre mi brazo derecho, lo que me da el tiempo suficiente para alargar el brazo, coger la piedra con la mano derecha y golpearle lo más fuerte que puedo sobre la nuca. Cae hacia delante, aplastándome todavía más contra el suelo. Lo echo hacia la izquierda y le golpeo dos veces más sobre la frente. Por como está, creo que con uno o dos golpes más podría morir, pero la conciencia puede conmigo. Nunca he matado ha nadie, no se como me sentiré, pero tampoco puedo dejar que siga vivo. Decido dejarlo ha su suerte, que otra persona le dé el toque de gracia. Me levanto de encima de su cuerpo, llevándome instintivamente la mano hacia detrás de mi cabeza, por donde se hallaba la pequeña brecha. Ya no sigue echando sangre, pero el pelo se ha llevado la peor parte. Mi pelo es tan largo que llega hasta la mitad de la espalda. Esta enredado, sucio y manchado de sangre seca (aunque no creo que se note mucho, teniendo en cuenta el color de mi pelo) y de tierra fangosa. Me lo peino un poco con las manos, pero me doy cuenta de cuanto más lo toco peor se pone, por lo que dejo que se quede tal y como está. Me dirijo con paso cansado hacia el exterior del bosque. Me he dado cuenta de que no es tan fácil cazar como pensaba los primeros días aquí. He dejado mi pequeña bolsita en mi antiguo escondite, por lo que ahora tendré que buscar nuevas bayas comestibles. Bajando un poco la pendiente, discurre un riachuelo. Estoy tan sedienta que me dirijo hacia allí sin ni siquiera mirar si hay peligro a la vista. Más que ir andando, voy corriendo. Cuando llego hasta él, me dejo caer y empiezo ha beber la salada y asquerosa agua del riachuelo. Cuando ya he saciado mi sed, escucho algunos gritos por donde y termina el bosque. Empiezo a subir agazapada contra el suelo, solo por precaución. Cuando ya estoy casi arriba de la pendiente, veo como Katniss sale del bosque, un poco mareada, sin poder sostenerse en pie. Rápidamente, Peeta llega y empieza a gritarle cosas que no consigo entender desde mi posición. Se comporta como si estuviera haciendo algo muy peligroso, ya que se le escucha muy alterado. Por otra parte, Katniss está demasiado tranquila por como le esta hablando su amante, quizá se deba a las posibles picaduras de rastrevíspulas, ya que escuche que estaban por aquí cerca. Sin previo aviso, ella se da la vuelta y vuelve a internarse en el bosque. Peeta se da también la vuelta para marcharse, pero en ese momento Cato aparece de entre la espesura del bosque. Su cara muestra un mueca de odio y desprecio. Empieza a gritar como un loco, por lo que quizá también ha visto lo que ha pasado entre Peeta y Katniss y ha decidido hacer algo al respecto. Rápidamente, veo como desenfunda su enorme espada de metal, la levanta y la descarga contra la pierna de Peeta, grita de dolor en el preciso instante en el que Cato saca su espada de la pierna y se va tranquilamente. Entre tanto, Peeta se tambalea debido al dolor que le ha provocado. Su pierna está totalmente cubierta de sangre. Se dirige, sin poder estar en pie sobre si, hacia el río. Me entra el pánico por lo que decido subir e internarme en el bosque. Casi me caigo por el camino, pero consigo llegar hasta mi destino. Me doy media vuelta y veo como se cae el suelo. Tengo pena por él pero me obligo ha volver hacia donde antes me encontraba, ya que necesito saber como van a colocar las minas.

Gracias por leer el capítulo
Besos
La próxima semana subiré el siguiente 

LOS JUEGOS DE LA COMADREJA: Capítulo 4


El sueño empieza ha abatirme por lo que en algunos instantes mi mente empieza ha alejarse de mí, soñando con lugares más apreciados que en el que me encuentro en estos momentos. Con preciosos atardeceres vistos desde casa, desde el distrito cinco; o praderas llenas de vida, nada en comparación con lo de casa. Añoro mi distrito, aunque no es lo mejor del Panem, a mi me encantaría estar allí en estos momentos, por lo que me despierto, con el deseo de estar en mi dura cama (levantándome temprano para ir al colegio o a la central eléctrica, como hacemos muchas veces), la cruda realidad me devuelve un poco de tristeza. No estoy en casa, sino en la arena, escondida detrás de un árbol, aguardando a que los tributos que en estos momentos están en la cornucopia, empiecen ha hacer algo productivo antes de que me muera de aburrimiento. Me pongo en pie, con muchísimo cuidado, ya que tengo las piernas algo entumecidas. La noche se ha echado encima antes de lo esperado por lo que no veo prácticamente nada. Una vez que mis ojos se han acostumbrado a la oscuridad, empiezo a diferenciar las siluetas de los árboles y arbustos que tengo delante de mí, pero nada más. Estiro los brazos, abriendo las palmas de las manos, y empiezo a caminar un poco hacia delante, para intentar ver lo que han avanzado mientras yo estaba dormida. <<Por favor, que no hayan colocado las minas alrededor de la comida, por favor>> susurro, esperando, deseando que sea verdad, ya que si no fuese así me daría algo. Habría perdido mucho tiempo, para nada. Casi tropiezo con una piedra, por lo que me paro en seco. Dirijo la mirada hacia derecha e izquierda, pero no hay monos en la costa. Estoy casi donde termina toda la arboleda, pero ya que es de noche, muy de noche, espero que no me vean. Con cuidado, doy un par de pasos avanzando hacia el claro que señala el lugar de lo profesionales. La oscura me envuelve por lo que dudo que me vean,, a excepción de mi brillante cabello rojizo que quizá sea algo delatador. A lo lejos, veo que hay una pequeña montaña, junto a donde duermen cuatro o cinco tributos mientras dos hacen guardia. Poco a poco voy avanzando pegada a la última fila de árboles, dando al gran claro, para poder coger algo de comer, como una manzana o algún tipo de fruta. Cuando ya estoy colocada detrás de la montaña, sin que los dos tributos que están de guardia puedan verme si me esmero lo suficiente. Me arrodillo, y empiezo ha avanzar a ganas, haciendo que mi silueta en la oscuridad se note menos que de pie. Voy clavándome las pequeñas piedrecitas en las manos y piernas, pero intento esquivar algunas que veo, pero hay pequeñas que no consigo ver en la oscuridad, por lo que me hago pequeñas heridas en las palmas de las manos. Ya he llegado lo más cerca que consigo acercarme a la montaña, ya que vi como colocaban la primera línea de minas. Decido arriesgarme a poner en pie y pisar en lugar cualquiera, ya que no se por donde la colocaron por esta parte. Piso fuerte contra el suelo, esperando que no haya ninguna mina allí. Para mi suerte no hay ninguna, pero no quiero volver a arriesgarme, hay que por los alrededores de mi pie tiene que haber el resto de minas. Adelanto la otra pierna, poniéndola pegada a la otra. Observo primorosamente la comida que tengo ante mis ojos, decidiendo algo que coger y que no haga que se desmorone. Veo que hay una manzana un tanto alta de mi. La bolsa en la que está tiene un pequeño agujero por el que asoma, así que me pongo todo lo que puedo de puntillas, y estiro el brazo lo más alto que puedo. Aunque no tengo una baja estatura, no soy lo suficientemente alta para alcanzarla; por lo que doy un paso hacia atrás, y dejo una pequeña señal donde antes estaba, me arrodillo y vuelvo por donde había llegado. Por el camino, mios manos empiezan a sangrar debido a las pequeñas heridas que me hice antes, y que ahora sigo dañándome por culpa de las estúpidas piedras. En mi camino hacia el borde de la arboleda, encuentro una piedra que me sirve para lanzar contra la manzana y poder cogerla. La guardo contra mi puño, y vuelvo otra vez contra mis “pasos”, mis pasos a gatas, mejor dicho. Llego hacia el límite de las minas, y entre la poca oscuridad que hay, debido a que el sol se está alzando, busco la pequeña marca que deje con anterioridad. Me pongo en pie, y una vez atisbada la manzana, lanzo la piedra con mi mano derecha, apuntando hacia mi objetivo. La piedra le da, la deja de caer. Rápidamente, doy medio paso hacia delante y me coloco debajo de ella. Alzo las manos y la atrapo algo torpemente. Empiezo ha dar pasos hacia detrás, con la manzana cogida entre mis manos, pegadas al pecho. Me interno en el bosque, y empiezo a correr hacia mi lugar principal. El sol se está alzando, y los profesionales están empezando a despertarse. Temo que me hayan descubierto y vengan ha buscarme. Empiezo ha hacerme pequeños cortes en la cara debido a las pequeñas ramas que dan contra mi cara. Me encorvo sobre mi misma, disminuyendo un poco la velocidad. Me paro junto al lago, me lavo y refresco la cara, bebo un poco de agua y lavo la manzana. Prosigo mi camino, mientras me la como lentamente. Cuando llego a mi pequeño escondite, me arrodillo, con el sol dándome en la cara, viendo como los pocos profesionales que hay se van despertando. Me termino la manzana y guardo el hueso entre unos matorrales. Algo ha pasado ya que vario de los profesionales empiezan a correr, internándose en el bosque y dejando al chico de las minas y a otro más al cargo de todo aquello. Me pongo en pie y empiezo a internarme yo también ya que creo que se han dado cuenta de mi presencia, ya que el del distrito tres empieza a correr directamente en mi dirección.

viernes, 25 de octubre de 2013

Los Juegos de la Comadreja: Capítulo 3


Sobresaltada, me incorporo, con la espalda todavía apoyada en el árbol. Me he quedado dormida sin darme cuenta. Supongo que sera cerca de medianoche, ya que el cielo esta demasiado oscuro para que se acabara de poner el sol. Me levanto, averiguando que el dolor en mi pierna ya se ha ido, sin quedar rastro alguno de mi luxación excepto quizá, un pequeño desgarre sobre el pantalón por la parte de la rodilla izquierda. Se que no estoy utilizando la lógica al levantarme a estas horas, ya que el sonido esta más amplificado que por la mañana, pero necesito encontrar más comida. Con gran delicadeza, saco las pocas bayas que pude recoger esta mañana y me las como. Son pequeñas bayas redondas, de color rojizo, que están algo amargas, pero es lo único que tengo, por ello, debo arriesgarme y adentrarme en el bosque. Intentando hacer el menos ruido posible, me adentro cada vez más. Espero no encontrarme a nadie a estas horas, pero pensándolo mejor, quizá los demás tributos están haciendo lo mismo que yo. Y si esto es así... ¿qué pasa si me encuentro con alguien? No tengo armas con las que defenderme, ni tampoco se luchar, pero soy algo rápida; podría correr, subirme a un árbol y mantenerme allí arriba hasta que se marche. Sigo avanzando, siempre recto, esquivando lugares con demasiada vegetación para que pueda delatarme, pendiente en mis dos grandes objetivos: uno, avanzar sin detener, ni hacer ruido, nada que pueda delatarme, y dos, estar en alerta en todo momento. Algunas de mis propias preguntas me hacen reflexionar. No soy buena en el combate, ya que no se utilizar ningún arma, ni tengo. Solo se diferenciar algunas bayas, pero eso no me servirá para siempre, ya que si quiero ganar, tendré que enfrentarme contra alguien en algún momento. Por el momento, puedo intentar pasar desapercibida; si me olvidan no me buscarán, y si no me buscan... No tendré que preocuparme tanto por mi seguridad. Pronto me doy cuenta de un gran detalle que se me ha pasado por desapercibido, cada vez hay menos follaje, los árboles son menos frondosos. <<Un poco raro si se supone que me estoy internando en el corazón del bosque>> Definitivamente, me he equivocado. <<No voy hacia el interior, sino hacia el exterior>> Mi corazón se acelera. Eso explica el por qué no he hallado ningún árbol de bayas ni nada comestible. Me paro en seco, sin saber que hacer. El sol se esta alzando, por lo que quizá no tendré mucho tiempo para huir. <<Puedo seguir avanzando. Quizá descubra algo sobre los profesionales y sus tácticas, o quizá me descubran ellos a mí>> El sol ha avanzado mucho en poco tiempo, lo que implica que si me interno en el bosque me consigan matar. No me queda más remedio que avanzar; me lleve al peligro o a la salvación. Ahora, más que nunca, mi vida está en juego, por lo que pongo todo el cuidado del mundo mientras me muevo entre la poca espesura del bosque. Cada vez estoy más cerca de los profesionales, puedo presentirlo. De repente, así, sin más, aparece a unos diez metros de mí un gran claro en el que se haya la cornucopia y el lago. Rápidamente, retrocedo un par de pasos, y me escondo en un gran arbusto. Ante mí se haya un gran espectáculo jamás imaginado. Algunos profesionales y el chico del doce están escavando alrededor de las plataformas; mientras que los demás, que serán tres, vigilan su gran montaña formada por todo tipo de comida: manzanas, algo de pan, diferentes tipos de bayas, … <<¡Por el ángel, como pueden haber conseguido todo eso en menos de tres días!>> Poco a poco, lo voy asimilando todo, y empiezo a fijarme en lo que se suponen que están haciendo. Mi misma pregunta me hace darme cuenta que están desenterrando, sin necesidad de verlo con mis propios ojos; las minas. Se supone que cada plataforma está rodeada de minas, para que si saltamos antes de la cuenta regresiva estallemos en trizas. <<Creo que las están desenterrando para después colocarlas alrededor de su comida. Si esto pasa, no tendré momento alguno de robas un pizca de su comida. Pero si la colocan totalmente alrededor, no habrá forma de que ellos puedan coger comida. Seguramente dejen algún espacio de separación entre mina y mina. El mediodía se me hecha encima, llevo sin probar bocado desde que salí de mi escondite para acabar parando aquí. Aunque he decidido no moverme de mi sitio para vigilar y no perderme ningún detalle todo lo que hagan, necesito conseguir algo de comida. Por lo que decido abandonar mi lugar por unos momentos. Todavía siguen desenterrando minas, por lo que espero que mi breve ausencia no vaya a cambiar mucho las cosas. Adentrarme de nuevo en el bosque, me ha supuesto un poco de peligro, ya que por culpa de una rama seca del suelo todos han dirigido su mirada directamente hacia el lugar en el que me hallaba. Por suerte para mí, creyeron que había sido un animal y no le dieron mucha importancia. De tanto recorrerme estos parajes, he ido memorizando un poco el camino (rocas, zonas fangosas, …) Rápidamente encuentro un pequeño arbusto del tipo de bayas que me comí una vez. Pequeñas, redondas, rojizas. Aunque son algo amargas, es lo único que alcanzo a ver, por lo que, a duras penas, hago con las hojas de los árboles, una pequeña cestita en la que poder almacenar unas pocas. Por lo que he contado, creo que en ella caben alrededor de treinta, más o menos. De vuelta a la cornucopia, he ido comiendo alguna de ellas que me cabían en la mano. Al rato, empiezo ha acostumbrarme a su sabor, por lo que empieza a resultar algo adictivo. Cuando llego, me doy cuenta de que el paisaje ha cambiado considerablemente. Ya no están arrodillados en el suelo desenterrando minas, sino que ya han empezado ha enterrar alguna de ellas alrededor de su queridísima montaña de comida. Miro hacia la dirección del sol, comprobando lo que ya había supuesto. Han adelantado demasiado en muy poco tiempo. Me siento detrás de mi arbusto, empezando a observarlos detenidamente, sin comer ninguna baya más. Todos se mueven muy rápido, coordinando sus movimientos, como robots. Jamás antes los había visto trabajar de esa forma. Con todos moviéndose, no consigo ver que hace cada uno, por lo que me concentro en otras cosas. Por lo que he podido entrever, creo que solo tienen colocada la primera línea de minas, la más cerca a la comida. También creo que hay un chico que es el que prepara las minas, o algo similar. Todos se las llevan y las traen de su alrededor. Quizá sea del distrito tres, de la informática. Poco a poco me respaldo contra un árbol, desde allí estoy más cómoda, mas aunque no lo vea todo, tampoco es que estén haciendo gran cosa, por lo que decido esperar, mirando fijamente al chico de las minas.


Espero que les haya gustado :)
Besos

viernes, 18 de octubre de 2013

La vida de Peeta antes de los Juegos: Capítulo 7

Capítulo 7

Delly me está esperándo al lado de la alambrada, mirando al bosque, bajo la sombra de un árbol que sobrepasa la alambrada y cuelga sobre ella. Escucho un ruido y me giro, unos metros más lejos hay un gato que acaba de pasar por debajo de la alambrada.
-Peeta.-Delly me está llamando.
Me giro. Lleva algo en la mano, algo de color tierra. Sonríe ampliamente y me doy cuenta de lo que tiene en la mano es barro, pero es demasiado tarde porque ya me lo ha lanzado a la cara.
Delly tiene muy buena puntería, desgraciadamente, porque me ha dado en toda la cara. Me limpo el barro con la manga y empiezo a correr. Voy directo al charco de barro que hay justo al lado de Delly. Sumerjo la mano y le tiro el barro, también le da en la cara. Ella ahoga un grito y corre hacia mi. Me empuja con toda su fuerza y caigo de espaldas en el charco de barro. Intento levantarme pero resbalo y vuelvo a caer. Delly no puede parar de reírse al ver mi patética caída así que aprovecho el momento porque tiro de ella y cae en el barro junto a mi. Ahora soy yo quien ríe, pero no por mucho tiempo porque Delly me tira barro a la boca. He cerrado la boca justo a tiempo y no he tragado nada de barro. Ahora le toca a Delly tragar barro, vuelvo a llenar la mano de barro, hecho la mano atrás, pero un crujido me detiene en seco. Proviene del árbol. Algo no va bien. Hago una señal a Delly y nos arrastramos procurando no hacer ruido lo más lejos posible de la rama que cuelga sobre nosotros.
El sonido de una rama que se parte se olle por encima de nuestras cabezas y nido de rastrevíspulas se estrella contra el suelo. Pensaba que o había rastrevíspulas en el Distrito 12. Me equivocaba.
Delly y yo nos levantamos a toda prisa y salimos corriendo. Las rastrevíspulas nos siguen muy cerca, van a alcanzarnos, no nos dará tiempo de llegar a ningún sitio. Delly se mete en un callejón, pero cuando voy a entrar una rastrevíspula me pica en el cuello. El dolor es terrible. Duele mucho. Me aguanto el cuello con las manos y caigo de rodillas sobre la nieve. Las rastrevíspulas ya no están, así que Delly se agacha junto a mí.
-Peeta, vamos, tenemos que buscar ayuda.
Sus palabras resuenan en mi cabeza como si fuesen eco. Es demasiado tarde. El veneno me está haciendo efecto.
Solo me ha picado una. Pero soy un niño, su veneno es demasiado para mi cuerpo.
La vista se me nubla, no veo claramente lo que hay ante mí. Se me aclara un poco, busco a Delly con la mirada pero ya no está, en su lugar hay una niña de pelo rojo, ojos negros y profundos, piel verde escamosa, garras y dientes muy afilados.
Es espantosa. Es un monstruo. Delly ya no está, ha sido sustituida por esa...cosa. Pero...¿y Delly?.
Me arrastro hacia atrás todo lo lejos posible de ese muto.
''-Peeta, ¡Peeta! ¿Te encuentras bien?-dice Delly.''
El monstruo ruge.
Escucho un aullido bastante fuerte, giro la cabeza bruscamente y a unos diez metros de distancia hay un lobo enorme, erguido sobre las patas traseras, debe medir unos dos metros de altura.
Todo da vueltas.
El pelaje del lobo es tan oscuro como el carbón y sus ojos amarillos brillan a unos diez metros de mí.
Hay algo raro, lleva algo en la boca. Es un cuerpo de niña, muerta o inconsciente. No sabría decirlo, desde aquí no puedo saberlo. La niña tiene la ropa ensangrentada, pero sus dos trenzas castañas que colgaban de su cabeza estaban intactas, aunque un poco cubiertas de sangre.
El lobo suelta a la niña, que cae contra la nieve, ella emite un sollozo. La nieve se está tiñiendo de rojo con su sangre demasiado rápido. Más de lo que debería. No está muerta, pero está perdiendo mucha sangre y morirá pronto. No puedo dejar que Katniss muera.
El lobo retrocede, parece que quiere que ayude a Katniss. Me levanto inmediatamente y corro hacia Katniss, tengo que hacer algo para evitar que se desangre.
Llego junto a ella, caigo de rodillas a su lado y veo que su camiseta está rota por donde se han clavado los dientes del enorme lobo.
Las manos me tiemblan, tengo que encontrarle el pulso, no lo encuentro, pero tiene qué estar viva, todavía tengo que poder hacer algo por ella.
Mi nerviosismo aumenta. No tiene pulso. Era demasiado tarde. Ella había muerto y no he podido hacer nada.
El lobo empieza a reír, ¿cómo se está riendo?. Lo miro. Estoy frustrado. La ha matado, y se ríe. Lo miro con la mirada cargada de odio. El lobo para de reír, se inclina y clava sus dientes en mi estómago.
La oscuridad me envuelve de repente.
He muerto.
Por lo menos no tendré que vivir sabiendo que Katniss ya no está y yo no he podido salvarla.
Una luz brilla a través de mis párpados. ¿Estoy en el cielo?¿De verdad todo esto ya ha acabado?
Abro los ojos lentamente y compruebo que estoy equivocado. Esto vivo. Esto no ha acabado. Estoy en mi habitación, tumbado en mi cama. No sé como he llegado aquí. Mi padre está junto a mi, sonriendo, y a su lado está Delly.
La imagen del cuerpo sin vida de Katniss me viene a la cabeza, el lobo, la sangre...
-¡Katniss!- me siento e intento bajarme de la cama pero mi padre me detiene.
-Peeta, tienes que descansar, pronto te recuperaras del veneno.-me dice mi padre.
-¿Veneno?¿Qué veneno? El lobo... Hay un lobo suelto, papá, hay que avisar a la gente, ¿y Katniss?¿sigue allí? estaba...-no me atrevo a decirlo en voz alta. Puede que si no lo digo no sea verdad, aunque sé que eso no es así.
-¿Qué lobo Peeta?-esta vez es Delly la que interviene.-Katniss está bien, no estaba con nosotros. Saliste corriendo hacia la nada y te derrumbaste de repente.
-¡EL LOBO DELLY! ¿NO LO VISTE? Era enorme, y tenía a Katniss. Ella estaba sangrando mucho pero cuando llegue ella estaba... estaba...-no puedo decirlo. No puedo.
-Peeta, hijo, nada de esto ha pasado.-mi padre intenta tranquilizarme, pero no tiene mucho éxito.-Te picó una rastrevíspula, intenta recordar, todo lo del lobo y la muerte de Katniss han sido una alucinación.
-Pero¿Y qué pasa con el monstruo verde? Delly se fue y había un muto del capitolio...
-Peeta, nada de eso ha sido real.-dice mia padre.
-Pero...era...todo era muy real. ¿Y si Katniss ha muerto?
-Katniss está bien Peeta, la ví con su padre cuando te traía hacia aquí, iban hacia su casa en la Veta.-dice Delly.
No sé que responder, vale, ha sido una alucinación, aunque pareció bastante real, pero de todas formas mañana buscaré a Katniss. No estaré tranquilo hasta no comprobar con mis propios ojos que la chica de la Veta sigue viva.